Hay decisiones que, sin hacer demasiado ruido, dicen mucho. En medio de temporales y daños que afectan a lo cotidiano —carreteras, servicios, espacios públicos—, que se active un plan de contingencia y se asignen recursos concretos no es solo una cuestión administrativa: es una señal de atención. Y cuando en ese reparto se incluye a Ceuta, se reconoce algo que durante demasiado tiempo ha costado que se entienda desde la península: que la ciudad también necesita respuestas rápidas y eficaces.
