Lo de la parcela del Brull empieza a parecer una broma de mal gusto. Nueve años después de cederse con la promesa de levantar un gran centro educativo, lo único que crece allí es la sensación de abandono. Mientras tanto, la ciudadanía asiste a este espectáculo con una mezcla de incredulidad y hastío, preguntándose cómo algo tan necesario puede quedar atrapado en un limbo administrativo tan prolongado.
