Lo de la Protectora de Ceuta no es una queja más: es un grito claro de auxilio. Cuando hablan de “colapso”, no están exagerando ni buscando titulares fáciles; están describiendo una situación límite en la que los animales, que ya bastante tienen con haber sido abandonados, acaban pagando las consecuencias de la desidia institucional. Y eso, sencillamente, no debería pasar.
