El caso de Javier Guerrero, investigado por un presunto delito de abuso de menores, lleva tiempo en el foco público y judicial. Como ocurre siempre en estos asuntos tan delicados, la justicia tiene la obligación de investigar con rigor y de proteger a las posibles víctimas. Pero también hay otra realidad que muchas veces se olvida: detrás de cada proceso hay familias enteras viviendo en una especie de limbo, esperando una respuesta que parece no llegar nunca.
