Hay escándalos políticos que indignan durante unos días y luego desaparecen. Pero hay otros que dejan una herida permanente. El caso del policía local que asesinó a su esposa después de haber recuperado el arma pese a que ya se le había retirado en dos ocasiones pertenece a esa segunda categoría. No hablamos solo de negligencia; hablamos de una cadena de decisiones incomprensibles que terminó en tragedia.
