Lo que se ha permitido en Ceuta con las instalaciones de Servilimpce no es una transición. Es un retrato de abandono. Caracolas insalubres donde un trabajador llegó a acabar con pulgas. Aguas que aparecen por los enchufes. Un taller “provisional” sin medidas de seguridad a la altura del riesgo real. Vehículos y camiones que se caen a trozos mientras se exige rendimiento a quien se juega la salud para sostener el servicio público.
