La AUGC ha puesto el dedo en la llaga: el vallado fronterizo está al borde del colapso tras los últimos temporales y no admite más parches. Lo que debería ser una infraestructura clave para la seguridad lleva años sobreviviendo a base de apaños, mientras el desgaste y el abandono se hacen cada vez más visibles. Cuando una valla cae, no es solo hierro lo que se viene abajo, es la sensación de control y de protección.
