En pleno siglo XXI resulta incomprensible que los médicos forenses, figuras esenciales para el sistema judicial y la sociedad, trabajen con tan pocos recursos materiales. No hablamos de lujos ni de equipamiento accesorio, sino de algo tan básico y necesario como cámaras de congelación de cadáveres. La ausencia de estas instalaciones no solo entorpece su labor, sino que además genera situaciones que bordean lo indigno para los profesionales y para las propias familias que esperan respuestas en circunstancias dolorosas.
