Vivimos pegados a las pantallas. Ya sea el móvil, el ordenador del trabajo, la tableta o la televisión, pasamos horas y horas mirando un brillo que, aunque nos conecta con todo, también nos pasa factura. No es casualidad que más de la mitad de los españoles reconozca sufrir fatiga o molestias visuales después de usarlas. Lo preocupante no es solo el dato, sino que parece que lo asumimos como un peaje inevitable de la vida moderna.
