La Armada ha anunciado con solemnidad que el patrullero Medas ha completado una misión de vigilancia y disuasión en el sur peninsular. Suena contundente, casi tranquilizador. El problema es que muchos ciudadanos se hacen la misma pregunta: ¿a quién vigilan exactamente y a quién están disuadiendo? Porque mientras se emiten notas oficiales, las narcolanchas siguen entrando y saliendo con absoluta tranquilidad, las motos de agua campan a sus anchas y la inmigración irregular continúa llegando prácticamente a diario por nuestras costas.
