Hay un punto de quiebre para cualquier sistema, y en Ceuta, esa línea roja hace tiempo que saltó por los aires. Nuestros servicios públicos no están simplemente saturados; están agonizando. Bomberos, policías, guardias civiles, operarios de limpieza viaria y personal sanitario viven inmersos en una pesadilla diaria, sosteniendo a pulso una ciudad que amenaza con desmoronarse mientras las administraciones miran hacia otro lado.
