Tengo un vecino al que no le gustan los animales.
Y, ¿sabes? Eso puedo entenderlo y respetarlo, cada persona tiene sus afinidades y sus no afinidades.
Tengo un vecino al que no le gustan los animales.
Y, ¿sabes? Eso puedo entenderlo y respetarlo, cada persona tiene sus afinidades y sus no afinidades.
Entiendo que a veces te asuste enfrentarte al mundo desde lo que llevas en tu interior. Entiendo la tendencia a la protección, como mecanismo de defensa natural. Entiendo la distancia con los demás como estrategia de seguridad, ante el temor de mostrarte tal y como eres. Y también entiendo que estas acciones, al final, te llevan a un aislamiento, que tal vez te genere una ficticia sensación de seguridad, cuyo excesivo precio implica marcar una distancia sustentada tras el cartel vital de “no pasar” que termina poniendo sobre la mesa lo que se oculta tras la coraza.
No sé si te has planteado alguna vez qué parte de ti pones en lo que haces habitualmente, tu profesión, tu trabajo, tu afición, tu filosofía de vida.
Ahí va la etiqueta o la coletilla, y buscando distintos significados de la palabra, me quedo con el que da el diccionario como sustantivo “persona que se emociona fácilmente y se deja llevar por sus afectos”.
Me preguntas, quizá esperando encontrar en mí respuestas que, incluso cuando dudes, ya están en ti.