España no enfrenta hoy una amenaza militar directa de Israel. No hay indicios creíbles de que Tel Aviv esté planeando un ataque contra territorio español, ni de que disponga de una estrategia para proyectar su fuerza en el Mediterráneo occidental. Lo que sí existe es una crisis diplomática en pleno desarrollo, con costes reales en la política exterior, la seguridad, la industria de defensa y la gobernabilidad interna. Y en ese vacío, hay actores que pueden salir beneficiados; uno de ellos, con claridad, es Marruecos.
