La entrada masiva de personas en Ceuta durante los días treinta y treinta y uno de julio no se pareció en nada a los movimientos migratorios habituales que España ha gestionado en las últimas décadas. No fue un fenómeno espontáneo, ni una respuesta desesperada a circunstancias económicas o sociales sobrevenidas. Fue un proceso cuidadosamente diseñado, ejecutado por fases y con una planificación que revela un nivel de sofisticación muy alejado de lo que podría considerarse una crisis migratoria convencional. El análisis técnico del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, elaborado a requerimiento de la Audiencia Nacional, muestra que esta movilización se estructuró como un procedimiento con un antes, un durante y un después, una sistemática que descarta cualquier explicación basada en la improvisación o el efecto contagio espontáneo que a veces acompaña a los movimientos de población.

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Hay momentos en los que una sociedad deja de contemplar los acontecimientos que la rodean como simples noticias y empieza a percibirlos como una amenaza directa a su propia seguridad. Lo ocurrido en Ceuta durante los días 30 y 31 de julio pertenece a esa categoría. La entrada masiva de decenas de miles de personas en territorio español, unida a los indicios que apuntan a una posible actuación organizada desde Marruecos, ha provocado una sensación de indefensión difícil de ignorar. Por eso las manifestaciones convocadas para expresar rechazo, preocupación y exigencia de respuestas no solo eran legítimas, sino también previsibles.

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Ceuta, Lunes 07 de Septiembre del 2026

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