Con la salida de la Pollinica, la Semana Santa abre sus puertas como quien descorre una cortina cargada de emoción. Es ese momento en el que el bullicio cotidiano se transforma en expectación, en el que las calles dejan de ser simples caminos para convertirse en escenarios donde la tradición cobra vida. No hace falta ser especialmente devoto para sentir que algo distinto empieza a latir.
