Otra vez lo mismo. El juicio contra el policía local no ha dejado lugar a dudas, como ya ocurrió en la ocasión anterior. Las pruebas, los testimonios y el propio desarrollo de la vista apuntan en la misma dirección: fue él quien disparó. Así lo sostiene la Fiscalía y así lo respalda el resto de acusaciones. No estamos ante un caso ambiguo ni lleno de sombras; más bien al contrario, el relato es claro y coincide en lo esencial.
