Recientemente he tenido ocasión de ver un vídeo en el que un caballero ponía en perspectiva las enormes desgracias que soportamos hoy en día con las medidas de confinamiento, mascarillas y distanciamiento social, los cierres de negocios, los ERTES, los meses de trabajo intenso de muchos profesionales de la salud y otras calamidades en relación a lo que han vivido nuestros abuelos. Es una comparación un poco injusta, lo reconozco, porque para una persona que está sufriendo ahora los efectos de esta pandemia no le parecerá ninguna tontería y sus quejas pueden estar justificadas. Pero quiero compartir con ustedes esa reflexión.