Mi Rincón
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Que el Punto Violeta comience a recorrer las zonas de ocio nocturno de Ceuta es una buena noticia. Pero sería todavía mejor que dentro de unos meses dejáramos de hablar de esta iniciativa como algo extraordinario porque se hubiera convertido, sencillamente, en parte habitual de nuestra ciudad. Donde haya ocio, fiestas, conciertos o grandes concentraciones de personas, debería haber un lugar visible al que acudir ante una situación de acoso o agresión sexual.

Que el Punto Violeta comience a recorrer las zonas de ocio nocturno de Ceuta es una buena noticia. Pero sería todavía mejor que dentro de unos meses dejáramos de hablar de esta iniciativa como algo extraordinario porque se hubiera convertido, sencillamente, en parte habitual de nuestra ciudad. Donde haya ocio, fiestas, conciertos o grandes concentraciones de personas, debería haber un lugar visible al que acudir ante una situación de acoso o agresión sexual.

Y no solo durante determinadas campañas o fechas señaladas. El acosador no entiende de calendarios, temporadas ni programas institucionales. Por eso, la prevención tampoco debería entenderlos. Un Punto Violeta permanente transmite además un mensaje muy sencillo: aquí determinadas conductas no se toleran y quien necesite ayuda sabrá dónde encontrarla.

También conviene desterrar la idea de que estas medidas están pensadas únicamente para actuar cuando ya ha ocurrido algo grave. Su verdadero valor está igualmente en prevenir, informar, detectar comportamientos inaceptables y conseguir que una persona que se siente intimidada pueda pedir ayuda antes de que la situación vaya a más. Eso requiere presencia, continuidad y recursos.

Ceuta debería aspirar, por tanto, a que estos puntos estén presentes de manera estable en las principales zonas de ocio nocturno y se extiendan a conciertos, fiestas patronales, eventos multitudinarios y espacios donde puedan resultar necesarios. Y junto a ellos, formación para trabajadores de locales, seguridad privada, hosteleros y organizadores, porque combatir el acoso sexual debe ser una responsabilidad compartida.

Ojalá llegue el día en que no hagan falta. Mientras exista una sola persona que crea tener derecho a acosar, intimidar o tocar a otra sin su consentimiento, toda protección será poca. El Punto Violeta ha comenzado su camino. Ahora lo importante es que no sea flor de un día: que permanezca, que se extienda y que el acosador sepa que cada vez tendrá menos espacios donde sentirse impune.

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Ceuta, Domingo 04 de Octubre del 2026

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