No debería hacer falta salir a la calle para recordar algo tan básico como que un colegio debe ser un lugar seguro. Sin embargo, en Ceuta los sindicatos UGT Servicios Públicos, CSIF y ANPE han decidido convocar al personal docente el próximo jueves 17 de septiembre, a las 19.00 horas, en la plaza de los Reyes, porque consideran que el Ministerio de Educación no está cumpliendo los compromisos adquiridos en materia de seguridad y protección de los centros educativos.
No debería hacer falta salir a la calle para recordar algo tan básico como que un colegio debe ser un lugar seguro. Sin embargo, en Ceuta los sindicatos UGT Servicios Públicos, CSIF y ANPE han decidido convocar al personal docente el próximo jueves 17 de septiembre, a las 19.00 horas, en la plaza de los Reyes, porque consideran que el Ministerio de Educación no está cumpliendo los compromisos adquiridos en materia de seguridad y protección de los centros educativos.
Y aquí está el problema: cuando una administración promete medidas y después no las ejecuta, la confianza se desgasta rápidamente. Los profesores no están reclamando privilegios ni condiciones extraordinarias. Están pidiendo algo tan razonable como poder desarrollar su trabajo con garantías y saber que, cuando ocurre un problema, existe una respuesta clara y suficiente por parte de quienes tienen la responsabilidad de proteger los centros.
Ceuta ya ha demostrado demasiadas veces que los problemas educativos no se solucionan con anuncios ni con compromisos sobre el papel. La seguridad en los colegios e institutos debería estar fuera de cualquier disputa política o sindical. Si hay centros que necesitan medidas adicionales de protección, deben aplicarse; y si existen compromisos pendientes, toca explicar por qué no se han cumplido y cuándo van a hacerse realidad.
La concentración del jueves debería servir, precisamente, para eso: para que el Ministerio escuche. No solo a los sindicatos, sino también a unos profesionales que conocen de primera mano lo que ocurre cada día dentro de las aulas. Porque detrás de cada centro educativo hay profesores, alumnos y familias, y convertir la seguridad en una promesa pendiente no parece la mejor manera de protegerlos.
En Ceuta ya hay demasiados asuntos que pueden esperar. La seguridad de quienes trabajan y estudian en nuestros centros educativos no debería ser uno de ellos.