La Autopista Nacional
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Lo de Zapatero empieza a ser difícil de digerir. Muy difícil. Porque ahora resulta que unas joyas valoradas en más de 1,3 millones de euros aparecidas en la caja fuerte de su despacho eran un regalo del rey de Arabia Saudí cuando él era presidente del Gobierno. Y dice que las aceptó por “deferencia”. Pues vaya deferencia. A la mayoría de los españoles, cuando alguien les hace un regalo, les cae una botella de vino, un reloj o una cesta por Navidad. A Zapatero, según su versión, le regalaron rubíes, esmeraldas y zafiros. Y durante años, ahí estuvieron.

Lo de Zapatero empieza a ser difícil de digerir. Muy difícil. Porque ahora resulta que unas joyas valoradas en más de 1,3 millones de euros aparecidas en la caja fuerte de su despacho eran un regalo del rey de Arabia Saudí cuando él era presidente del Gobierno. Y dice que las aceptó por “deferencia”. Pues vaya deferencia. A la mayoría de los españoles, cuando alguien les hace un regalo, les cae una botella de vino, un reloj o una cesta por Navidad. A Zapatero, según su versión, le regalaron rubíes, esmeraldas y zafiros. Y durante años, ahí estuvieron.

Lo más sorprendente es que en el PSOE haya quien piense que el problema consiste simplemente en “dejarlo caer” para que no manche las siglas antes de unas elecciones. No. Aquí no estamos hablando de quitar a Zapatero de una foto, dejar de invitarlo a los mítines y hacer como si nunca hubiera existido. Estamos hablando de un expresidente del Gobierno investigado judicialmente y de unas joyas millonarias cuyo origen está intentando acreditar ante un juez. Lo que toca es investigar hasta el último papel y hasta el último euro. Sin privilegios y sin paños calientes.

Y Zapatero debería dar muchas más explicaciones. Porque decir que semejante colección fue un regalo recibido en Moncloa no despeja precisamente todas las dudas. Las multiplica. ¿Es normal que un presidente del Gobierno reciba personalmente joyas de semejante valor de un monarca extranjero y terminen formando parte de su patrimonio privado? ¿Dónde quedó constancia? ¿Qué tratamiento fiscal tuvieron? ¿Por qué han aparecido tantos años después en una caja fuerte de su despacho? Son preguntas bastante sencillas y los españoles tienen todo el derecho del mundo a exigir respuestas claras.

Y luego está el PSOE. Ahora algunos empiezan a ponerse nerviosos porque Zapatero puede convertirse en una losa electoral. Qué casualidad. Mientras convenía tener al expresidente dando discursos, apareciendo en actos y ejerciendo de referencia del partido, nadie parecía demasiado preocupado. Ahora que llegan los problemas judiciales, aparecen las prisas por marcar distancias. Pero esto no se arregla escondiendo a Zapatero debajo de la alfombra. La dirección socialista, de hecho, públicamente sigue defendiendo su presunción de inocencia.

Aquí no se trata de pedir una condena desde un periódico, porque eso corresponde a los jueces. Se trata de exigir que se llegue hasta el final. Y si Zapatero puede acreditar limpiamente el origen, la propiedad y la situación legal de esas joyas, que lo haga y asunto terminado. Pero si la Justicia acaba demostrando que hubo delitos, que caiga sobre él exactamente el mismo peso de la ley que caería sobre cualquier español. Haber dormido en Moncloa no convierte a nadie en intocable. Y haber sido presidente del Gobierno debería obligar a dar más explicaciones, no menos.

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Ceuta, Sábado 26 de Septiembre del 2026

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