La Autopista Nacional
Typography
0
0
0
s2smodern

Un vecino de Ceuta circulaba en su moto cuando su vida estuvo a punto de ser truncada por el botín más miserable: un teléfono móvil y un cordón de oro. Cuatro individuos, identificados como inmigrantes, no dudaron en asaltarlo y apuñalarlo con una frialdad y una brutalidad que hielan la sangre. Este relato no pertenece a un lamentable suceso aislado ni al guión de una película sobre distopías urbanas; es la crónica negra y cotidiana de una ciudad que, paso a paso, está siendo entregada a la delincuencia y al caos.

Un vecino de Ceuta circulaba en su moto cuando su vida estuvo a punto de ser truncada por el botín más miserable: un teléfono móvil y un cordón de oro. Cuatro individuos, identificados como inmigrantes, no dudaron en asaltarlo y apuñalarlo con una frialdad y una brutalidad que hielan la sangre. Este relato no pertenece a un lamentable suceso aislado ni al guión de una película sobre distopías urbanas; es la crónica negra y cotidiana de una ciudad que, paso a paso, está siendo entregada a la delincuencia y al caos.

¿Hasta cuándo vamos a tolerar que la inseguridad física sea el peaje ineludible por vivir en esta orilla del Estrecho? La salvaje agresión a este motorista es la enésima evidencia de que el control de nuestras calles se escurre a pasos agigantados de las manos del Estado. Hoy, la impunidad parece pertenecer a quienes operan bajo la certeza de que sus actos violentos quedarán diluidos en un sistema que, paradójicamente, parece amparar el buenismo antes que el derecho a la legítima defensa ciudadana.

En este escenario de absoluta degradación cívica, la actitud del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, resulta sencillamente insultante. Su exasperante subjetividad política, siempre dispuesta a retorcer la realidad, edulcorar las estadísticas de criminalidad y vender una falsa pacificación institucional, choca frontalmente con el filo de las navajas que amenazan a nuestros vecinos. Para el Ministerio, cuatro personas apuñalando a un ciudadano para robarle pueden ser una simple desviación estadística que no encaja en su relato oficial. Para el ceutí de a pie, es el terror palpable de salir de casa y jugarse literalmente la vida en su propio barrio.

Ceuta agoniza víctima de un abandono institucional demoledor. El Gobierno central nos trata como a ciudadanos de tercera categoría, como un simple muro de contención al que se le escatiman desesperadamente los efectivos policiales, los recursos materiales y la firmeza legal necesarios para restablecer el orden.

Los ceutíes estamos hartos de condescendencia de salón y despachos acolchados. Exigimos seguridad y el restablecimiento inmediato del principio de autoridad. Mientras Marlaska observa el sur desde la comodidad de sus escoltas en Madrid, en Ceuta son los vecinos quienes ponen la sangre, el miedo y la vida. Si el Estado abdica de su deber prioritario de protegernos, no habrá campaña de marketing ni cifra maquillada que pueda ocultar su traición a esta tierra.

0
0
0
s2smodern
Joomla SEF URLs by Artio
Ceuta, Domingo 20 de Septiembre del 2026

Publicidad