En el horizonte se dibuja el Puente de la Inmaculada, un tiempo de descanso y celebración que, lamentablemente, parece destinado a convertirse en un período de vacío y desolación para la ciudad de Ceuta. Este año, una vez más, cientos de ceutíes abandonarán su hogar en busca de entretenimiento y ocio en la península, dejando tras de sí una ciudad que, paradójicamente, carece de eventos culturales y de un programa de actividades atractivas para retener a sus propios habitantes.
