El de Portoplano, aquella mañana, como tantas, cientos y miles de lo largo de su existencia, le surgían más preguntas y respuestas que soluciones a multitud de cuestiones, cuestiones pequeñas y medianas y grandes, cuestiones de un color o de otro. Eso es y eso había sido siempre, además de su particular juicio sobre si mismo, además de ser como todo ser viviente, un ser semejante a todos, además de todo ello, era un mortal que observaba y repensaba. Ni más, ni menos.
