Lo de la invasión de mayo, sino fuera por sus dramáticas consecuencias para el futuro de Ceuta, empieza a parecerse cada vez más a un sainete cuajado de humor negro. Las peripecias de nuestras autoridades, locales y nacionales, para tratar de devolver a Marruecos a los cientos de súbditos menores de edad que su Gobierno empujó a nuestras costas con la intención de colapsar definitivamente nuestra ya de por sí atribulada ciudad, moverían a la risa si no fuese porque su fracaso es el de todos y trasmite un mensaje devastador para la seguridad y la confianza.
