Anoche Ceuta no salió a la calle únicamente para acompañar a su Patrona. Salió porque necesitaba hacerlo. Después de unas semanas especialmente difíciles, la ciudad encontró en la Virgen de África algo que va mucho más allá de la devoción: encontró un motivo para volver a mirarse a los ojos, para compartir un aplauso, una lágrima o un simple silencio cargado de significado.