Los archivos vaticanos son reconocidos como una de las mayores fuentes de conocimiento y documentación histórica de todo el mundo. Siglos y siglos de información sobre la historia de la humanidad recogida, documentada y custodiada por la Iglesia. Parte de esos archivos es accesible previa acreditación y visto bueno del Vaticano, e incluso podemos consultar algunos de ellos a través de Internet, lo que sin duda da un aura de trasparencia y buena voluntad. Pero la realidad también es que una enorme parte de esos archivos históricos es de acceso restringido bajo el catálogo de “secreto” por la Santa Sede, y sólo unos pocos son los privilegiados para consultar su contenido y, en ocasiones, sólo el Papa.
