La Delegación del Gobierno, en el ejercicio de su mano dura para poner fin al caos en la frontera del Tarajal, se ha metido en un berenjenal para el que no estaba preparada. Y es que, aunque la responsable de la plaza de los Reyes tiene buenas intenciones al intentar dignificar las condiciones laborales de las empleadas del hogar de Marruecos que prestan sus servicios en Ceuta, ha metido la pata hasta el fondo con el follón que se está liando a la hora de tramitar los permisos de trabajo.