La situación actual que vivimos no solo está carente de una sociedad sin personalidad, que se deja mover por las corrientes y que no es capaz de decir “hasta aquí hemos llegado”, sino que además, parece que vivimos ajenos a la realidad, dejándonos llevar por la fuerza de las tecnologías y una sociedad cada vez más desestructurada y corrompida en todos los sentidos, por no hablar de un panorama político que, en vez de dar ejemplo vende nuestra nación a pedazos.