Cada vez que una mujer es asesinada por violencia machista, la Delegación del Gobierno convoca un minuto de silencio. Un gesto simbólico que, aunque importante, empieza a sonar a rutina, como si el horror se hubiera convertido en costumbre. Esta semana se ha guardado silencio por la octava víctima del año. Ocho mujeres en poco más de tres meses. Ocho vidas arrancadas. Ocho familias rotas. Y seguimos sumando.